Difusión Cencos México D.F., 28 de enero de 2008
Ponencia de Dwight Dyer de Global Exchange en el Foro Social Mundial 2008
Mesa 9: Economía Solidaria: Coordinador Luís Lópezllera
Tema 5, Mesoamerica, Migración, Nueva Geoeconomia Política
En esta ponencia buscaré dar un marco conceptual que sirva para definir al “transmigrante.” Este actor resulta de importancia cada vez mayor, en el contexto de la integración económica de México con sus vecinos al norte, Estados Unidos y Canadá. Primero, hablaré sobre el concepto de “desarrollo”, para aclarar una serie de preconcepciones que oscurecen el debate. Segundo, hablaré brevemente sobre modelos de desarrollo económico y la relación que guardan con la migración. Por último, definiré al “transmigrante” y analizaré la relación que guarda éste con los procesos de desarrollo en Norteamérica.
1.- ¿Qué entedemos por desarrollo?
Una concepción estrecha de desarrollo se limitaría a considerar los cambios en la economía. Estos cambios incluyen el crecimiento de la economía, es decir de su tamaño total, medida por el PIB o alguna otra medida similar; pero medir crecimiento económico no es suficiente. También hay que considerar la creciente complejidad de los procesos productivos y la transformación de las relaciones de producción. Es decir que al comparar una economía que se basa en la producción artesanal y el trueque con otra de producción industrial y compraventa por Internet, diríamos que la segunda es más desarrollada que la primera.
Como esta visión del desarrollo es estrecha, también es incompleta. La economía no existe en el vacío, sino que se da en el seno de una sociedad. Por eso, se tiene que considerar la dimensión social, concebida de forma amplia para incluir también la política, al discutir el desarrollo. De otra forma, perdemos el contexto humano de la economía, y desvirtuamos el propósito del análisis.
Conforme la producción se hace más compleja, aumenta la especialización y la división del trabajo. Al llevar este proceso a mayor escala, también es notable la jerarquización de los participantes en la economía. Para asegurar su funcionamiento, este proceso requiere de una mayor organización social y de reglas para ordenar las relaciones entre productores y trabajadores. La política va adquiriendo formas que permiten regular estas interacciones.
Es importante notar que la sociedad regula a la economía mediante la política. No hay tal cosa como un “mercado libre”, porque la sociedad define qué tipos de intercambio son justos y permisibles mediante la definición de normas y leyes. Conforme la economía se vuelve más compleja, y los mercados abarcan cada vez más ámbitos de la interacción social, más reglas se necesitan para evitar la depredación y la inestabilidad inherentes a los mercados. Es más, podemos decir que para que un mercado sea “más libre” requiere de más reglas.
Por último, hay otro proceso que se tiene que considerar al hablar de desarrollo. Éste es uno cultural o de consciencia. Tiene que ver con la concepción que los participantes en la economía tienen de sí mismos como actores en el mercado. Pasa desde la consciencia de ser un agente de producción, es decir un elemento en la sociedad de mercado como obrero o inversionista, a ser un agente de consumo, es decir a participar en la cultura de masas del consumismo. Este aspecto es más sutil, porque podemos participar en estos procesos, pero darlos por hecho, sin crear conciencia.
2.- ¿Qué relación guarda el desarrollo con la migración?
No hay modelo de desarrollo que evite la migración. Esto es porque todo proceso de desarrollo económico genera desequilibrios. Así como se genera un polo de crecimiento, se crean polos de estancamiento. Naturalmente, quienes viven en los segundos tratarán, dentro de sus posibilidades, de trasladarse a los primeros. Sin entrar en detalles, la transición de una economía tradicional en una moderna implica las consecuencias descritas por Kuznets, en términos de distribución de la riqueza (y de las oportunidades).
En este sentido, vemos que, durante el periodo del Desarrollo Estabilizador, de los años 50 a 70 del siglo pasado, el producto interno bruto per cápita mexicano se duplicó, significando un gran crecimiento de la economía. Más impresionante resulta este dato, si consideramos que la población se duplicó durante el mismo periodo. Simultáneamente, la economía y sociedad mexicanas experimentaron transformaciones enormes, como se puede ver en la aparición de las clases obrera y media y su incorporación al régimen político posrevolucionario. Sin embargo, también hubo un cambio importante en la participación porcentual de la población rural en el total, ya que pasó de 50 por ciento a 25 por ciento. Esto se debió, en parte, a las mejores condiciones de vida en las ciudades, pero también a una enorme migración interna de las zonas rurales a las urbanas, por la demanda de mano de obra en las nuevas industrias. No hay que perder de vista que también hubo emigración internacional, pero mucho menor que la interna.
Durante el periodo de industrialización por exportaciones, también hemos visto que la economía ha crecido, 40 por ciento desde la firma del TLCAN, pero que no ha desaparecido la migración. Al contrario de lo que prometieron los líderes de los países signatarios del TLCAN sobre el libre comercio como solución a la necesidad de migrar en busca de trabajo, ésta se ha acentuado. Véase cómo ha crecido la población de origen mexicano en Estados Unidos, que ya cuenta más de 10 millones de personas. Asimismo, la población campesina mexicana continua su tránsito fuera de las zonas rurales, pasando del 25 por ciento al 18 por ciento del total. Una diferencia importante con el Desarrollo Estabilizador es que ahora la migración internacional ha alcanzado tasas casi tan altas como las de la migración interna. Esto se debe, en buena medida, a que el modelo de desarrollo basado en exportaciones no provee suficientes fuentes de empleo para mantenerse a la par del ritmo de crecimiento de la población.
Habiendo visto cómo desarrollo y migración van de la mano, examinemos con mayor detalle cómo se relacionan los migrantes con la integración económica y comercial de México con Estados Unidos, en los últimos 24 años.
3.- Transmigración y desarrollo
La discusión sobre desarrollo de la primera sección nos servirá como mapa conceptual para hablar de transmigrantes. Primero, necesitamos una breve definición y algunas precisiones. Transmigrante es aquél migrante que puede participar activamente en la vida económica, social, y política del país de origen y del de destino, al mismo tiempo. Es decir, no todos los migrantes son transmigrantes. El fenómeno de transmigración es eminentemente uno de primera y segunda generación, porque, para la tercera generación, los individuos se asimilan más a la cultura del país de destino que a la del de origen y pierden el interés en interactuar en esa última sociedad.
Pasemos ahora a discutir la relación del transmigrante con el desarrollo. En términos económicos, el transmigrante pasa de ser un sujeto pasivo en el mercado a ser un sujeto activo en el mismo. Es decir que se vuelve en un agente de desarrollo, y lo hace al transformarse de obrero en capitalista, en ambos países. La función de movilización de capital la cumple el migrante cuando envía remesas familiares, pero en la medida que éstas apoyan solo el consumo, no las consideraremos como fuentes de capital. En cambio, cuando se envían remesas colectivas, que pretenden transformar la economía de la comunidad de origen mediante la creación de empresas y empleos, sí podemos considerar a quien las envía como agente de desarrollo.
En términos sociales y políticos, el transmigrante transmite conocimientos sobre formas de educación y organización que son novedosas a la comunidad de origen y contribuye cohesión y diversidad a la sociedad receptora. Políticamente, el transmigrante puede servir como interlocutor con los oficiales y representantes electos en los dos Estados. Incluso, puede llegar a fungir como oficial y/o representante en ambos países, aunque probablemente no sea de forma simultánea.
Esta interlocución es mucho más notoria y efectiva en los niveles municipal y estatal de gobierno, porque es ahí donde más fácilmente pueden actuar los transmigrantes y sus organizaciones y con mayor efecto se notan los efectos del desarrollo económico. Cabe señalar que, mediante la aglutinación de estos esfuerzos, los transmigrantes podrían llegar a tener un alto grado de influencia en políticas públicas y en la coordinación entre entidades estatales de México y Estados Unidos para llevar a cabo proyectos de desarrollo económico y social. Sin embargo, la influencia de los transmigrantes en la política federal será mucho menor y más lenta, tan sólo por la gran cantidad de intereses que confluyen en los órganos de gobierno federales.
Finalmente, el último elemento pendiente para completar esta semblanza conceptual del transmigrante es el aspecto cultural, es decir su consciencia. Este aspecto es quizá el más complejo, dinámico, y difícil de plasmar. El migrante mexicano típico se ausenta del país por la falta de oportunidades de empleo digno y bien remunerado, y ha contado con pocos años de educación formal. En este sentido, es muy probable que el migrante no tenga una idea clara de su ubicación en la economía, sociedad, y política, aunque sepa que no es ventajosa. No obstante, al entrar en contacto con la sociedad estadounidense, los contrastes que percibe con México pueden servir para crear conciencia.
Ahora, nada garantiza que esta conciencia sea solidaria con la condición de sus amigos y parientes en el país de origen. Por el contrario, bien puede ser que la experiencia del migrante tan solo refuerce aquellas actitudes que sirven para sobrevivir y sobresalir en una sociedad de mercado avanzada, actitudes como el individualismo, el materialismo, y el sentido de la oportunidad. Es decir, el migrante puede aprender a reproducir el sistema de producción (y explotación) capitalista, sin conservar principios de cooperación, justicia, y solidaridad que son más comunes en sociedades más tradicionales.
Para minimizar este riesgo, es responsabilidad de la sociedad civil nacional ir al encuentro del transmigrante. Al familiarizarse con su historia y sus comunidades, su experiencia y sus logros, facilitaremos que se conserven los principios de equidad y justicia que nos son caros. También, en la medida que se conozcan las razones estructurales de la migración, se podrán combatir los obstáculos al desarrollo económico que impulsan el éxodo. Así, será posible que los transmigrantes sirvan como catalizadores del desarrollo integral de las comunidades de origen y destino.
Enero 25 de 2008, Zócalo de la Ciudad de México
Información difundida por el Área de Comunicación y Visbilidad de Cencos






